Psicoanálisis y Pedagogía Formativa

… El hombre como el huevo, en nido de dolor será serpiente, en nido de piedad será paloma Maestro Guillermo Valencia (en: Anarcos).

DR. ROMÁN CHICA GIRALDO Médico Cirujano, Especialista en Psiquiatría y Psicoanalisis, Profesor Asociado Universidad de Caldas, Miembro honorario Asociación Colombiana de Psiquiatría.

Lo que Debe Ser la Educación hasta los 7 años:
Hasta los 7 años no nos preocupemos tanto de la educación académica pero si de una educación formativa, con lo que estaremos garantizando una infancia y vida feliz y saludable, lo mismo que la posibilidad de asimilar en la mejor forma la educación informativa o académica.

DEDICO ESTA OBRA A: Melba, mi esposa, por su estímulo y aliento; Estefanía, mi nieta, quien me sirvió de inspiración; Benhur, mi hermano, con quien tuve ocasión de discutir los más variados aspectos del presente trabajo.

1. Introducción

 

2. Justificación

3. Fundamentos Psicoanaliticos

3.1. El Ello

Como se ve es la parte instintiva de la personalidad; está formado por las tendencias agresivas y sexuales; es inconsciente en el adulto y preconsciente en el niño en cuanto en Él aún no existe la consciencia, y constituye casi todo lo que puede ser llamado psiquismo a la hora del nacimiento. Puede definirse como que es: la actividad mental de los instintos. La evolución del Ello que se va dando a lo largo de la vida en ocho etapas genera simultáneamente el Yo y el Superyó, determinando así el desarrollo de la personalidad.

Tales etapas son sucesivamente: oral, anal o sádico anal, fálica o genital, etapa de latencia, adolescencia o etapa puberal, adultez, etapa climatérica o involutiva y senectud o ancianidad.

Para nuestros fines de Psicoanálisis y Pedagogía Formativa las más importantes son las primeras cuatro etapas ya que son estrictamente infantiles y constituyen las primeras experiencias del niño con sus tendencias instintivas eróticas y agresivas, que se acompañan simultáneamente de la evolución del Yo. En cambio las cuatro últimas etapas de la evolución del Ello constituyen regresiones y repeticiones de las primeras. Así, la adolescencia y el climaterio son regresiones a la etapa fálica o genital; la madurez es una regresión a la etapa de latencia, y la senectud es una regresión a la etapa oral y anal.

Es necesario atender que el Ello es siempre inconsciente, y cuando se hace consciente espontáneamente o como consecuencia de la terapia psicoanalítica se hace parte del Yo; convirtiéndose en un nuevo incremento del Yo a expensas del Ello; en cambio el Yo y el Superyó, son generalmente conscientes.

No sobra insistir que la Educación Formativa se hace, en relación con las tendencias sexuales y agresivas del niño que son las que conforman el Ello y que son las causantes de conflictos en la personalidad con repercusiones en la vida familiar y social, lo mismo que en la salud mental; tendencias sexuales y agresivas que sin duda todo padre o educador reconoce como las tendencias con las cuales se debate en su labor educativa, y tendencias que son las causantes del malestar y conflictos sociales que caracterizan la psicopatías, las sociopatías y las psicopatología en general.

Como se ve es la parte instintiva de la personalidad; está formado por las tendencias agresivas y sexuales; es inconsciente en el adulto y preconsciente en el niño en cuanto en Él aún no existe la consciencia, y constituye casi todo lo que puede ser llamado psiquismo a la hora del nacimiento. Puede definirse como que es: la actividad mental de los instintos. La evolución del Ello que se va dando a lo largo de la vida en ocho etapas genera simultáneamente el Yo y el Superyó, determinando así el desarrollo de la personalidad.

Tales etapas son sucesivamente: oral, anal o sádico anal, fálica o genital, etapa de latencia, adolescencia o etapa puberal, adultez, etapa climatérica o involutiva y senectud o ancianidad.

Para nuestros fines de Psicoanálisis y Pedagogía Formativa las más importantes son las primeras cuatro etapas ya que son estrictamente infantiles y constituyen las primeras experiencias del niño con sus tendencias instintivas eróticas y agresivas, que se acompañan simultáneamente de la evolución del Yo. En cambio las cuatro últimas etapas de la evolución del Ello constituyen regresiones y repeticiones de las primeras. Así, la adolescencia y el climaterio son regresiones a la etapa fálica o genital; la madurez es una regresión a la etapa de latencia, y la senectud es una regresión a la etapa oral y anal.

Es necesario atender que el Ello es siempre inconsciente, y cuando se hace consciente espontáneamente o como consecuencia de la terapia psicoanalítica se hace parte del Yo; convirtiéndose en un nuevo incremento del Yo a expensas del Ello; en cambio el Yo y el Superyó, son generalmente conscientes.

No sobra insistir que la Educación Formativa se hace, en relación con las tendencias sexuales y agresivas del niño que son las que conforman el Ello y que son las causantes de conflictos en la personalidad con repercusiones en la vida familiar y social, lo mismo que en la salud mental; tendencias sexuales y agresivas que sin duda todo padre o educador reconoce como las tendencias con las cuales se debate en su labor educativa, y tendencias que son las causantes del malestar y conflictos sociales que caracterizan la psicopatías, las sociopatías y las psicopatología en general.

3.2. El Yo

Continuando la presentación sintética de algunos fundamentos psicoanalíticos que facilitan la descripción y comprensión de lo que es la Educación Formativa, tenemos que hacer referencia al Yo cuya presencia en el psiquismo sucede ya desde el nacimiento, se hace más notorio a los 4 o 6 meses del niño y es cuando puede definirse como siendo los estados de tensión de origen instintivo. Ese Yo inmaduro evoluciona hasta los tres (3) años cuando ya puede definirse como el ejecutante de los instintos. A partir de aquí se origina el Yo maduro que evoluciona hasta los siete u ocho años de edad cuando, considera el Psicoanálisis, está el Yo casi completamente desarrollado, y puede definirse como la parte de la personalidad que se identifica a sí misma y mantiene la identificación a lo largo de los cambios en la existencia. Es lo que hace que una persona sepa que es su propio Yo y no el de otra persona quien participó en determinadas situaciones a lo largo de la vida. Y hemos dicho casi completamente desarrollado hacia los ocho años porque en efecto son mayores los cambios desde el nacimiento hasta los ocho años, que los que habrá en adelante que sin embargo son notorios y decisivos, pues han de habilitarlo para velar por su subsistencia.

Continuando la presentación sintética de algunos fundamentos psicoanalíticos que facilitan la descripción y comprensión de lo que es la Educación Formativa, tenemos que hacer referencia al Yo cuya presencia en el psiquismo sucede ya desde el nacimiento, se hace más notorio a los 4 o 6 meses del niño y es cuando puede definirse como siendo los estados de tensión de origen instintivo. Ese Yo inmaduro evoluciona hasta los tres (3) años cuando ya puede definirse como el ejecutante de los instintos. A partir de aquí se origina el Yo maduro que evoluciona hasta los siete u ocho años de edad cuando, considera el Psicoanálisis, está el Yo casi completamente desarrollado, y puede definirse como la parte de la personalidad que se identifica a sí misma y mantiene la identificación a lo largo de los cambios en la existencia. Es lo que hace que una persona sepa que es su propio Yo y no el de otra persona quien participó en determinadas situaciones a lo largo de la vida. Y hemos dicho casi completamente desarrollado hacia los ocho años porque en efecto son mayores los cambios desde el nacimiento hasta los ocho años, que los que habrá en adelante que sin embargo son notorios y decisivos, pues han de habilitarlo para velar por su subsistencia.

3.3. El Superyo

Así como el Yo procede del Ello, el Superyó procede del Yo, y como éste, por consiguiente, también tiene un origen hereditario. Pero el mayor aporte del Yo a la generación del Superyó procede de su relación con la acción educadora de los padres por lo que puede definirse como: es la parte de la personalidad que corresponde a una diferenciación del Yo en cuanto tuvo relación con la acción educadora de los padres. Es pues la internalización de los padres en la personalidad, y con ella la internalización del orden social; de la conciencia religiosa, moral, ética, estética y de los ideales. Este origen del Superyó en la relación con los padres es a lo que se ha llamado el origen ambiental del Superyó que, como el Yo, se inicia muy temprano en la vida del niño y es ya evidente en la etapa sádico anal cuando el niño ha logrado su control de esfínteres como consecuencia de la educación, época a la que tan apropiadamente S. Ferenczi ha dado el nombre de “moralidad de los esfínteres”, y educación que, como ya se ha dicho, debe esperar el desarrollo del parasimpático sacro hacia aproximadamente los cinco años de edad, pues sería absurdo esperar la acción fisiológica si no existe aún tal desarrollo neurológico.

Sin embargo, el mayor aporte a la generación del Superyó ocurre en la etapa genital y principalmente como consecuencia de las relaciones edípicas, y no puede hablarse de un Superyó normal y adulto hasta cuando se haya superado el complejo de Edipo. Por estas razones se ha dicho que el Superyó es el heredero de los padres y propiamente del Complejo de Edipo.

El Superyó se comporta como un ojo que vigila los sentimientos y actos de la personalidad; automáticamente dicta a la personalidad, al Yo, en las más variadas situaciones, su criterio sobre el bien y el mal.

Así como el Yo procede del Ello, el Superyó procede del Yo, y como éste, por consiguiente, también tiene un origen hereditario. Pero el mayor aporte del Yo a la generación del Superyó procede de su relación con la acción educadora de los padres por lo que puede definirse como: es la parte de la personalidad que corresponde a una diferenciación del Yo en cuanto tuvo relación con la acción educadora de los padres. Es pues la internalización de los padres en la personalidad, y con ella la internalización del orden social; de la conciencia religiosa, moral, ética, estética y de los ideales. Este origen del Superyó en la relación con los padres es a lo que se ha llamado el origen ambiental del Superyó que, como el Yo, se inicia muy temprano en la vida del niño y es ya evidente en la etapa sádico anal cuando el niño ha logrado su control de esfínteres como consecuencia de la educación, época a la que tan apropiadamente S. Ferenczi ha dado el nombre de “moralidad de los esfínteres”, y educación que, como ya se ha dicho, debe esperar el desarrollo del parasimpático sacro hacia aproximadamente los cinco años de edad, pues sería absurdo esperar la acción fisiológica si no existe aún tal desarrollo neurológico.

Sin embargo, el mayor aporte a la generación del Superyó ocurre en la etapa genital y principalmente como consecuencia de las relaciones edípicas, y no puede hablarse de un Superyó normal y adulto hasta cuando se haya superado el complejo de Edipo. Por estas razones se ha dicho que el Superyó es el heredero de los padres y propiamente del Complejo de Edipo.

El Superyó se comporta como un ojo que vigila los sentimientos y actos de la personalidad; automáticamente dicta a la personalidad, al Yo, en las más variadas situaciones, su criterio sobre el bien y el mal.

3.4. Contenido Psiquico o teoría del Inconsciente

Contra lo que opina la psicología, para la cual el psiquismo o contenido psíquico equivale a la consciencia, el psicoanálisis clasifica el contenido psíquico en consciente que es todo lo que tiene acceso a la consciencia; e inconsciente que no lo tiene. El contenido mental consciente se clasifica en consciente propiamente dicho que se limita a ser lo que está activo en la Consciencia en un momento dado; es decir lo que pienso en este momento; y preconsciente que es lo que puedo hacer consciente espontáneamente o por un acto de la voluntad (recuerdos) o por la libre asociación de ideas.

El contenido mental inconsciente se clasifica en inconsciente primitivo que es aquel que nunca ha sido consciente, e inconsciente reprimido, como lo indica su nombre, es el inconsciente consecutivo a la represión; es, el que determina la represión normal y la psiconeurosis; y consiguientemente es el inconsciente importante para el psicoanálisis cuya labor es hacerlo consciente. Es también el inconsciente reprimido algo que debe ser limitado al máximo posible por la educación. Evidentemente si la psicoterapia analítica busca hacer consciente el inconsciente reprimido es porque tal inconsciente es afín con la enfermedad neurótica, y en cambio la capacidad de consciencia lo es por la salud mental.

El criterio sobre el inconsciente va mucho más allá del conocido subconsciente que con frecuencia se invoca principalmente para explicar algún error de alguien. Se dice en estos casos: “lo traicionó el subconsciente”. Sería más justo decir que “lo traicionó el preconsciente”, porque en estos casos se suele señalar la causa precisa del error que por lo tanto tiene acceso a la consciencia que es lo esencial del contenido mental preconsciente.

Pero es que, diferenciando aún más la analogía entre consciente e inconsciente, la primera hace referencia a una situación psíquica, en cambio la segunda es el eje de una teoría psicoanalítica que contiene elementos como inconsciente primitivo y reprimido, y la represión como un mecanismo psíquico que involucra además la resistencia, y que incluye el pensamiento primario o de proceso primario con las más variadas cualidades (es infantil, concretista, preverbal, atemporal, simbólico, etc)

4. Desarrollo de la personalidad y  Educación Formativa.

4.1. Etapa Oral

Se refiere a las sensaciones de placer que desde recién nacido y hasta el uno y medio años de edad experimenta el bebé en las mucosas labial, yugal y lingual, que constituyen un dispositivo puesto por la naturaleza, que le garantiza la repetición placentera del acto de succionar, que a su vez le garantiza aprender a alimentarse. Es decir, el instinto de conservación asegura la subsistencia aprovechando y cabalgando sobre el instinto sexual.

Y es también ese acto de succionar que se perpetúa en hábitos como fumar, el placer gastronómico y principalmente en el beso, que llega a tener tanta importancia como manifestación de amor y acto premonitorio del coito. Y a pesar de lo indiferenciado de la relación oral del niño con el pecho materno, constituye la más antigua experiencia de amor en cuanto es placiente y de odio si es displaciente, lo que después del nacimiento de los dientes se manifiestan mordiendo el pecho materno.

Pensando desde ahora en el proceso educativo del recién nacido, hay que tener presente el ambiente cálido y acogedor que era el vientre materno y que al nacer el niño tendrá que encarar el exceso de frio o de calor, los ruidos, el contacto con objetos, el hambre, etc. Efectivamente todo aquel que haya observado la actitud del recién nacido percibe su gran incomodidad y que la criatura no se siente para nada a gusto en su nuevo ambiente. Se trata pues de proporcionar a la criatura el máximo de comodidad y bienestar posible. Todo lo que se oponga a esta finalidad es nocivo y la responsabilidad recae sobre la madre y demás personas del medio familiar.

Vale la pena recordar aquí el error tan difundido y recomendado aún por muchos médicos, según el cual hay que establecer horarios rígidos para el suministro de los alimentos al lactante. Este recurso puede ser útil para la madre que desea tener bien planificada su labor. Pero el bebé no sabe de limitaciones ni de horarios; siente que sufre por hambre y lo expresa con un llanto furioso. No complacerlo es una indolencia imperdonable y limitante con la criminalidad. Se argumenta que el bebé tiene que aprender a frustrar sus tendencias por cuanto la vida así lo va exigiendo. Pero no es la hora ni la forma. El bebé solo ha conocido satisfacción abundante a sus necesidades en el vientre materno en donde se ha capacitado para salir al mundo exterior. Pero nada más; no hay que exigirle por ahora nada más; ya tiene suficiente frustración con el cambio de ambiente en el cual, como vemos, es de suponer no se siente nada bien. Pero además, todos los humanos adultos tenemos derecho a luchar y en realidad luchamos continuamente contra toda clase de frustraciones y vamos aprendiendo que, al menos, en muchos casos, la mejor forma de alcanzar el éxito contra la frustración es la renuncia real, auténtica y consciente al objeto deseado. Pero esto requiere experiencia de satisfacciones anteriores, reflexión y madurez de la personalidad, cosas de las cuales el lactante está aún muy lejos. Y ¡ojo! que pueden existir tendencias agresivas inconscientes (filicidas) que atacan al niño, pero que por su carácter de inconscientes no son reconocidas y en cambio se hacen justificaciones y racionalizaciones de tal conducta. Pero es que, al fin y al cabo, ese niño ha venido a comprometer toda la vida de los padres que tal vez no tengan la suficiente madurez y capacidad para asumir tal compromiso y las frustraciones que demanda. De esta situación de un niño a la de expósito solo hay un paso.

Definitivamente hay que darle al recién nacido el pecho o el biberón cuando él lo exige y protegerlo contra todo riesgo: frio, calor, contacto indebido con objetos, animales domésticos, insectos, niños, etc.

Otro grave error es obligar al niño a comer, o acaso ¿el adulto lo admite? Obligar al niño a comer significa desconocer que puede no tener hambre,

que puede no apetecer determinado alimento, que puede estar enfermo, aún, que puede estar protestando contra algo. Obligar al niño a comer en exceso lo expone a indigestiones y aún enfermedades más graves. Lo más recomendable es averiguar porque el niño no come.

Cabe señalar, así sea en forma breve, las consecuencias de una deficiente educación en la etapa oral. Todo lo bueno o malo que experimente el niño en la etapa oral o en otras etapas tempranas del desarrollo tiende a conservarse en su vida y estará, en alguna forma inconsciente, presente en la edad adulta, para influir en su salud mental favorable o desfavorablemente. Alguien ha dicho con toda razón que el niño es el padre del adulto.

Así, el robo a mano armada lo mismo que la drogadicción, en las cuales el objeto robado y la sustancia adictiva, son sustitutos del pecho materno, y la actitud agresiva del ladrón y la del adicto con el sufrimiento que causan en la familia y la sociedad, configuran la repetición de la situación infantil de sufrimiento y de rabia en relación con la madre. Pero estos actos del individuo adulto, que son la repetición y la expresión de situaciones infantiles, son totalmente inconscientes, es decir, el sujeto desconoce tales repeticiones, y que son la manifestación de sus tempranas privaciones orales.

Dependiendo de otras motivaciones específicas pueden aparecer adultos dependientes, es decir que no han logrado evolucionar sus necesidades orales hasta vincularlas y satisfacerlas con sus posibilidades laborales. Aparecen así el mendigo; el que no paga sus deudas; el trabajador incompetente, y el que todo lo espera de otros. Son en general personas pasivo-dependientes por oposición a los anteriormente señalados agresivo dependientes. Un caso bien descrito en la literatura de personalidad pasivo-dependiente es el protagonista de la obra de KAFKA, La Metamorfosis, en la cual el sujeto es bien consciente de su enorme dependencia. Pero esas necesidades de dependencia pueden ser inconscientes, es decir, rechazadas de la consciencia y por lo tanto no reconocidas por la persona.

Esas tendencias así reprimidas o rechazadas de la conciencia, es decir hechas inconscientes, pueden hacer inervaciones que afectan alguna parte del cuerpo generando las más variadas patologías o trastornos fisiopatológicos. Por ejemplo, una necesidad de dependencia inconsciente puede afectar o inervar el estómago aumentando la producción de ácido clorhídrico, o sea la acidez del jugo gástrico, lo que conduce a la úlcera péptica. Finalmente, no deja de ser interesante recalcar que la alimentación no puede ser impuesta al niño como sucede con frecuencia, lo que le causa malestar y llanto con el cual rechaza este procedimiento. Si se tiene en cuenta que en la etapa oral se inicia no solo la satisfacción del instinto de conservación a través del alimento, sino que también es el inicio de la sexualidad humana (placer oral), puede entenderse que esa imposición de la alimentación por parte de la madre, o por quien sea es una forma de acoso sexual enteramente análoga al insufrible acoso sexual que puede sufrir una persona en etapas como la adolescencia y la madurez. La Educación Formativa recomienda renunciar a este tipo de actividades, o sea el acoso sexual oral en el niño.

Considero lo dicho hasta aquí suficiente para comprender la importancia del conocimiento de la etapa oral del desarrollo y para el reconocimiento de la Educación Formativa en ella, que no es otra que procurar al máximo de bienestar de la criatura.

4.2. Etapa Anal

Una parte de las tendencias orales, que vienen constituyendo prácticamente hasta ahora todo el psiquismo del niño, se desplazan del uno a uno y medio año de edad hasta los tres años aproximadamente, hacia la zona anal y uretral (el ano y sus funciones excrementicias; los excrementos, las zonas glúteas) satisfaciendo su erotismo y agresividad en ellas. Es la época en la cual el niño experimenta el interés que la madre pone en su aseo y en su control de esfínteres, y descubre que tiene con ellos un sentimiento de poder, de poder agradarla o agredirla, atendiendo o desatendiendo al aseo ordenado por la madre. Se encuentra allí el origen de actitudes conducentes al aseo y desaseo; a la rebeldía y la sumisión, a la agresividad y la pasividad; a la obstinación y colaboración, al orden y desorden. Es importante insistir que en esta época de la vida, la educación para el control de esfínteres solo se iniciará después que se haya producido la maduración del sistema nervioso parasimpático sacro que ocurre a los cinco años aproximadamente.

Pero el niño descubre en esta época de su vida otro sentimiento: el de posesión; siente sus excrementos como algo propio y muy pronto como un regalo que hace a la persona amada, a la madre; es decir que los excrementos tienen valor de oro y de dinero, y cuando experimenta el placer de expulsarlos o retenerlos se empieza a configurar el origen de la generosidad y la avaricia que un día caracterizarán al filántropo y al avariento respectivamente.

Se comprende pues la importancia de una adecuada educación en la etapa anal que permita un desarrollo de la personalidad compatible con características saludables para el individuo y valiosas para la convivencia con otras personas, no solo y no tanto en la infancia, sino sobre todo pensando en la personalidad adulta; características deseables como queda dicho, como el aseo, el orden, equilibrio entre agresividad y pasividad; entre obstinación y colaboración, entre largueza-generosidad y avaricia, etc. Para lograrlo, la Educación Formativa correspondiente cuenta no solo con el desarrollo del sistema parasimpático sacro sino que es importante permitir al niño el ejercicio de sus funciones excrementicias lo más natural posible; limitar al máximo el contacto físico de la madre y educadores con las zonas ano rectales incluidas las zonas glúteas, pues tales actividades y contactos son sentidas como seducciones o agresiones por el niño, lo cual determina intensificación y fijación de las tendencias. Al respecto, hay que proscribir las famosas y tan frecuentes nalgadas que aparte del sufrimiento que generan son un irrespeto a la personalidad del niño y perturban el desarrollo de las tendencias anales implicadas. No deja de ser interesante recordar como una persona adulta dice de alguien que “la embarró”, como un conocimiento y reconocimiento inconsciente de lo que ese alguien ha hecho o dicho, corresponde a una fijación en la etapa anal y más precisamente de la época en la que la criatura jugaba con sus excrementos embadurnándolo todo.

4.3. Etapa Fálica o Genital

Se extiende entre los 3 y los 6 años de edad y se refiere al desplazamiento de las tendencias sexuales y agresivas hacia las zonas genitales. Se trata pues del interés del niño por los órganos sexuales y sus funciones; por la diferencia sexual entre niños y niñas; y por la relaciones entre los padres. En esta etapa aparecen las que se han llamado tragedias típicas de la infancia: nacimiento de hermanitos, la escena primaria, seducción por mayores, el complejo de castración y envidia fálica; y el Complejo de Edipo. Es saludable y deseable para la salud mental del niño y luego para la del adulto que estas tragedias infantiles, transcurran lo más atenuadamente posible.

En la etapa fálica, las tragedias típicas de la infancia son

4.3.1. Nacimiento de hermanitos

A un niño entre los 2 y 5 años de edad el nacimiento de un hermanito le plantea dos tipos de sentimientos que si no son manejados adecuadamente por los padres pueden repercutir en forma desfavorable hacia la vida adulta.

El primero de tales sentimientos es el de curiosidad por saber el origen de su hermanito. Cuando pregunta recibe solo repuestas míticas como que lo trajo la virgen o la cigüeña, lo cual no convence al niño que siente que se le oculta la verdad. Algún niño quiso comprobar en el estanque la presencia de los niños que suponía que de allí los tomaba la cigüeña. En realidad a partir de este momento el niño se convierte en un auténtico investigador de la sexualidad, y si no logra descubrirla plenamente es porque no tiene suficientes elementos de juicio como el conocimiento de los órganos genitales internos de la mujer, y debido a su inmadurez, el desconocimiento de las sustancias seminales en el hombre.

Pero el niño, en sus teorías, descubre el abultamiento abdominal del embarazo y el enflaquecimiento de la madre posparto, lo cual le hace presentir que su hermanito ha nacido de ella, idea que puede ser fomentada si el niño ha observado el nacimiento en otras especies de mamíferos. Pero el niño no logra comprender como se pudo originar el embarazo; puede pensar que algo ha de tener que ver el padre; puede pensar que el embarazo es causado por las ingestas de la madre. En efecto, es frecuente que los niños le pidan a la madre que coma para que tenga un hermanito. En cuanto al parto puede el niño suponer que se hace a través de algunos de los orificios del cuerpo por él conocidos, como la boca, el ombligo, el ano; tal vez piense en la cesárea.

Desde el punto de vista de la Educación Formativa es importante darle al niño la información exacta y en el momento oportuno que es cuando él lo solicita en forma más o menos expresa. Si el niño no logra el esclarecimiento buscado puede reprimir estos intereses que, desde el inconsciente, continuarán manifestándose en la vida adulta a través de conflictos neuróticos que el Psicoanálisis puede esclarecer.

El otro sentimiento que suscita en el niño el nacimiento de un hermanito es el de rivalidad o celos. Es así que cuando el recién nacido acapara la atención y amor de los padres el niño se siente abandonado, y tal vez en realidad sufra a consecuencia de la desatención de que es objeto. En estas condiciones cree que el recién nacido es su rival lo cual origina odio, hostilidad, celos y el deseo de que ese niño desaparezca; de que “se vaya por donde vino”. Por su puesto que en estas condiciones el niño puede ser realmente peligroso para el recién nacido.

Normalmente, es decir en condiciones favorables, y consecutivas a una adecuada Educación Formativa el niño supera esta situación identificándose con la madre en la relación amorosa con el bebé y por consiguiente lo hará objeto de sus juegos y ayudará a la madre en sus atenciones con él. Entonces puede esperarse que el niño crezca saludable y que hacia el futuro tenga las mejores relaciones con sus compañeros, amigos y condiscípulos. Pero en condiciones desfavorables para el niño, es decir en cuanto continúe sintiéndose abandonado, el niño soluciona la situación por medio de la identificación con el bebé, es decir, el niño llorará para ser atendido como su rival, al tiempo que llamará la atención por sus conductas amenazantes contra él. Esta situación anómala tiende también a proyectarse en el futuro de la personalidad del niño determinando comportamientos análogos en la edad adulta.

4.3.2. Escena Primaria

Este nombre se refiere al influjo que las relaciones sexuales de los padres pueden tener en el niño aún en edades tan tempranas como la de 1 o 2 años. Pero es sobre todo en la etapa fálica del desarrollo que el niño puede sospechar una relación íntima entre los padres; por ejemplo que orinan juntos. Pero de todo modos en esta época de la vida el niño no logra entender la realidad de las relaciones sexuales entre los ellos aunque alguna vez o algunas veces las presencie; el niño tiende a interpretarlas más bien como una lucha entre ellos;

como una actitud violenta del más fuerte contra el más débil, lo cual genera temor y odio contra ese padre, igualmente que angustia y miedo ante tales relaciones. Todo esto debe ser evitado por los padres porque se tiende a proyectar en el desarrollo de la personalidad del niño y estará contribuyendo a su psicopatología en su vida adulta, como sucedía en aquel paciente paranoide que decía “un hombre y una mujer juntos son mis enemigos”. Evitarlo es Educación Formativa

4.3.3. Seducción por mayores

Esta situación se incorpora al Complejo de Edipo en forma distinta si aún no se inicia la educación relacionada con el complejo o si ya se ha iniciado.

En el primer caso pueden intensificarse y prologarse las tendencias incestuosas sin generarse situaciones de culpabilidad en el niño. Es algo que puede contribuir a la evolución que genera perversión incestuosa.

Pero si ya se ha iniciado la educación de las tendencias edípicas, la seducción por mayores genera un enorme sentimiento de culpabilidad y angustia que puede impedir la evolución adecuada de las mismas. Sin embargo, la culpabilidad es causada no tanto por la actitud del seductor, como porque con tal actitud se estimulan las tendencias sexuales edípicas reprimidas, que generan entonces conflictos en la conciencia del niño o niña en quien ya, puede decirse, se ha iniciado la personalidad neurótica. Es importante tener en cuenta que la seducción por mayores no tiene que ser necesariamente un acto perverso del adulto sino que puede ser solo un error en sus actitudes como puede suceder cuando la madre

practica el aseo de su niño que puede entrar en contacto con sus órganos genitales, lo que él interpreta como seducción.

Hubo una época en la investigación psicoanalítica cuando Freud concedía tal importancia a la seducción por mayores que la consideraba imprescindible en la causación de la histeria, y en la que sintió fracasada toda su labor cuando comprobó lo contrario, es decir que no era necesario tal antecedente, e incluso que en muchas personas que sí lo tenían no se generaba la histeria. Fue precisamente al continuar su labor que descubrió la sexualidad infantil y el complejo de Edipo, y comprendió que el elemento fundamental generador de la histeria era la insuficiente represión de las tendencias Al continuar su labor comprendió que el elemento fundamental era la insuficiente represión de las tendencias edípicas incestuosas que ante situaciones de seducción generaba conflicto, angustia y síntomas somáticos. Se comprende entonces la importancia de aplicar la Educación Formativa para evitar las situaciones de seducción en los niños, y ante todo, evitar estimular sus genitales cuya excitación se vincula fácilmente a las tendencias édípicas y a la fijación de las mismas.

4.3.4. Complejo de castración y envidia falical

En la etapa fálica es frecuente que el niño enseñe sus intereses fálicos a través de la masturbación infantil (juegos en el acto de orinar; desnudeces para exhibir sus genitales, etc.). Los padres tienden a prohibir tales conductas y no es raro que apelen a la amenaza, en broma claro está, de cortar su pene, idea que no tiene importancia para el niño, que por lo demás no sabe de bromas, hasta cuando descubre la ausencia de este órgano en la niña. Cree entonces que en la niña se ha hecho efectiva la amenaza de castración y por idénticos motivos que a él se lo amenaza. Empieza pues a temer la pérdida de su pene, es decir la castración, y a experimentar culpa y miedo por tales motivos que amenazan su pene; se propone renunciar a ellos, es decir a sus impulsos y satisfacciones genitales los cuales desaparecen entonces de la conciencia, es decir son reprimidos y por consiguientes hechos inconscientes. Así, desde el inconsciente, seguirán generando sentimientos de culpa inconscientes, sentimientos de inferioridad, de impotencia y evolucionando hacia la vida adulta hasta generar la neurosis o formaciones sustitutivas como el conocido machismo que debe ser entendido como una negación, una Formación Reactiva contra el complejo de castración Una Educación Formativa ha de abstenerse de bromas que expresan amenazas de castración, porque, insistamos, el niño no entiende de bromas y tiende, entonces, a creer en la realidad de las amenazas.

En la etapa fálica es frecuente que el niño enseñe sus intereses fálicos a través de la masturbación infantil (juegos en el acto de orinar; desnudeces para exhibir sus genitales, etc.). Los padres tienden a prohibir tales conductas y no es raro que apelen a la amenaza, en broma claro está, de cortar su pene, idea que no tiene importancia para el niño, que por lo demás no sabe de bromas, hasta cuando descubre la ausencia de este órgano en la niña. Cree entonces que en la niña se ha hecho efectiva la amenaza de castración y por idénticos motivos que a él se lo amenaza. Empieza pues a temer la pérdida de su pene, es decir la castración, y a experimentar culpa y miedo por tales motivos que amenazan su pene; se propone renunciar a ellos, es decir a sus impulsos y satisfacciones genitales los cuales desaparecen entonces de la conciencia, es decir son reprimidos y por consiguientes hechos inconscientes. Así, desde el inconsciente, seguirán generando sentimientos de culpa inconscientes, sentimientos de inferioridad, de impotencia y evolucionando hacia la vida adulta hasta generar la neurosis o formaciones sustitutivas como el conocido machismo que debe ser entendido como una negación, una Formación Reactiva contra el complejo de castración Una Educación Formativa ha de abstenerse de bromas que expresan amenazas de castración, porque, insistamos, el niño no entiende de bromas y tiende, entonces, a creer en la realidad de las amenazas.

4.3.5. Complejo de Edipo

Es la época de una relación especial del niño (y niña por supuesto) con sus padres. Se trata de que hacia los 3 a 6 años de edad (etapa fálica) el niño experimente amor por el padre del sexo opuesto y odio por el del mismo sexo. Son sentimientos nuevos para el niño que conforman el llamado Complejo de Edipo Positivo Simple, pero que en la realidad se halla muy complicado con sentimientos propios de las etapas anteriores (oral y anal); con sentimientos procedentes directamente de los instintos, y sobre todo del Complejo de Edipo Negativo; que tiene carácter homosexual y según el cual el niño experimenta amor por el padre de su mismo sexo y odio por el del sexo opuesto. Por algo se ha dicho del niño que es polimorfo perverso. A esta complicación de sentimientos tan sencillamente presentada aquí, es a lo que se ha llamado Complejo de Edipo Positivo Compuesto. Las energías psíquicas del Complejo de Edipo son tan reales e intensas que alguien ha dicho que si a ellas se uniera la fuerza física del salvaje, el niño mataría al padre y se acostaría con la madre, y, claro está, al contrario procedería la niña. Con el desarrollo de la educación desde la infancia y como consecuencia de la represión de tales tendencias, parricidas e incestuosas, desaparecen las mismas de la consciencia, a tal punto que la persona no recuerda sus vivencias edípicas y tiene todo el derecho a negarlas diciendo “No recuerdo haber estado enamorado de mi madre”, y tampoco haber odiado así al padre. Freud encontró que el Complejo de Edipo es el eje literario de muchas tragedias entre las cuales atendió principalmente el Hamlet de Shakespeare; Los Hermanos Karamasov de Dostoievsky, y ante todo, el Edipo Rey de Sófocles. Los protagonistas de estas novelas (Hamlet, Dimitri y Edipo) son personalidades fijadas, inconscientemente, a las tendencias incestuosas y parricidas del Complejo de Edipo, como sigue siendo toda persona afectada de Neurosis o psiconeurosis.

En Edipo Rey el protagonista Edipo, dentro de la trama de la novela, había crecido al lado de padres sustitutos por decisión de sus verdaderos padres los reyes Layo y Yocasta quienes temían a la predicción del oráculo según la cual Edipo mataría al padre y se casaría con la madre. La predicción del oráculo representa el conocimiento inconsciente de que todo ser humano está destinado a vivir el complejo de Edipo.

Efectivamente más adelante en una riña callejera Edipo mata al Rey sin saber que es su verdadero padre, y todavía más adelante recibe la mano de la Reina, sin saber que es su verdadera madre, como premio por descifrar el enigma de la esfinge. Se casa con ella y tienen varios hijos. Cuando Edipo descubre que ha matado a su padre y desposado a su madre experimenta una culpa que ni siquiera la consciencia de que no sabía que eran sus padres logra compensar. Se arranca los ojos de dolor y en adelante lleva una vida de vagabundo miserable y desgraciada. Se entiende pues la fatalidad de las tendencias edípicas, parricidas e incestuosas para todos los seres humanos.

La educación está obligada a entender al niño y ayudarlo en la forma más adecuada posible, a superar el Complejo de Edipo que siempre tiene carácter infantil, así persista en el adulto, en cuyo caso, si es inconsciente, determina la psiconeurosis lo que lo hace efectivo para distorsionar las relaciones humanas en general y particularmente con los padres y personas dotadas de autoridad. Si es consciente puede dar origen al incesto y al parricidio.

Una adecuada Educación Formativa significa permitir al niño disfrutar de la madre y tolerarle su hostilidad con el padre, sabiendo que a nadie dañan tales tendencias. Significa ir logrando en él una renuncia auténtica y consciente, es decir no por la vía de la represión; una educación encaminada a lograr el Complejo de Edipo Negativo que es la superación del Complejo de Edipo. Ese niño pagará un día, como adulto, con gratitud y auténtica ternura por sus padres, y sobre todo pagará incorporándose a la gran masa de hombres y mujeres que han logrado su plena evolución y madurez, y para la otra masa de hombres y mujeres que siendo ya adultos han permanecido fijados al Edipo (insistamos, por supuesto, en forma inconsciente) y sufriendo la psiconeurosis es recomendable reorientar la salud mental y la vida aprovechando la reeducación que le ofrece el Psicoanálisis.

4.4. Etapa de Latencia

Se extiende entre los seis y los once años de edad. En esta época se atenúan los intereses agresivos y eróticos del niño para dar paso al interés por la cultura, la civilización y los conocimientos. Es pues la época adecuada para iniciar la Educación Informativa, sobre todo en un momento ya avanzado en esta etapa de latencia. Esto último para indicar que no es necesario hacer mucho énfasis en la instrucción académica apenas aparecida la etapa de latencia. El término latencia significa que el niño parece olvidar los intereses eróticos y agresivos que se complacen entones en la investigación de las ciencias, muy especialmente de las biológicas, más próximas a la investigación sexual que está reprimiendo, es decir de la cual se está olvidando.

Sin embargo es frecuente observar intereses sexuales y agresivos en esta etapa de latencia que parecen oponerse a tal etapa. Se trata de niños así dotados temperamentalmente, y/o de niños que permiten pensar que si tal fuerza tiene sus instintos en esta época de latencia,¿ cuál sería en la etapa fálica? Pero sobretodo, hay que considerar que en esta época de la vida el niño puede estar reaccionando en relación con la tan frecuente educación represiva, y los excesos sexuales y agresivos del niño serian la reacción contra la misma y sería a la vez un anticipo y advertencia de lo crítica que será su ya próxima adolescencia.

Se extiende entre los seis y los once años de edad. En esta época se atenúan los intereses agresivos y eróticos del niño para dar paso al interés por la cultura, la civilización y los conocimientos. Es pues la época adecuada para iniciar la Educación Informativa, sobre todo en un momento ya avanzado en esta etapa de latencia. Esto último para indicar que no es necesario hacer mucho énfasis en la instrucción académica apenas aparecida la etapa de latencia. El término latencia significa que el niño parece olvidar los intereses eróticos y agresivos que se complacen entones en la investigación de las ciencias, muy especialmente de las biológicas, más próximas a la investigación sexual que está reprimiendo, es decir de la cual se está olvidando.

Sin embargo es frecuente observar intereses sexuales y agresivos en esta etapa de latencia que parecen oponerse a tal etapa. Se trata de niños así dotados temperamentalmente, y/o de niños que permiten pensar que si tal fuerza tiene sus instintos en esta época de latencia,¿ cuál sería en la etapa fálica? Pero sobretodo, hay que considerar que en esta época de la vida el niño puede estar reaccionando en relación con la tan frecuente educación represiva, y los excesos sexuales y agresivos del niño serian la reacción contra la misma y sería a la vez un anticipo y advertencia de lo crítica que será su ya próxima adolescencia.

4.5. Etapa Puberal o Adolescencia

Se extiende entre los once y los veinticinco años de edad. Al contrario que en la etapa de latencia y como consecuencia del desarrollo gonadal se intensifican las tendencias sexuales y agresivas en forma análoga a como ya sucedió en la etapa fálica. En realidad se trata de una regresión a esta etapa solo que ahora ha habido un mayor desarrollo del Yo que lo hace capaz de autocrítica, de tomar decisiones y asumir actitudes. La regresión en este punto significa que el niño asume sus tendencias sexuales y agresivas de la etapa fálica que fueron reprimidas en la etapa de latencia y que ahora en la etapa puberal deben evolucionar hacia características adultas.

Reaparecen pues sentimientos, más o menos modificados, relacionados con curiosidad y rivalidad con el nacimiento de hermanitos; con la escena primaria; con la seducción por mayores; con el complejo de castración (envidia fálica), y sobre todo los sentimientos relacionados con el complejo paterno o edípico de cuya solución adecuada o no dependerá la salud mental o la neurosis del adulto.

Se trata pues de que el niño, o mejor el adolescente, en esta época de la vida debe, en primer lugar, esclarecer sus sentimientos edípicos lo cual está muy influido por lo saludable o no que haya sido la etapa fálica. Se espera que un resultado adecuado de esa situación infantil (etapa fálica y principalmente complejo de Edipo)

signifique atención y respeto a la autoridad en cuanto es respetable, pero también la protesta y rebelión contra el autoritarismo y sobre todo si es la repetición o continuación de un padre tirano en la infancia.

Pero además el adolescente debe esclarecer sus sentimientos y actitudes edípicas de tipo amoroso; es decir, esclarecer los sentimientos con el padre del sexo opuesto o sus sustitutos y objetos amorosos de la actualidad. Por supuesto la disposición para este esclarecimiento también está influida por lo saludable o no que fuera la etapa fálica. Una solución adecuada al amor edípico significa la renuncia al objeto amoroso infantil (la madre para el niño y el padre para la niña) y a sus sustitutos.

La superación en la adolescencia de ambas tendencias, hostil y amorosa, del complejo paterno, está facilitada cuando la etapa fálica transcurrió satisfactoriamente, como queda dicho; de lo contrario dicho complejo continuará ejerciendo papel decisivo en la personalidad y en la salud mental del individuo, determinando, lo que se ha llamado, muchas veces, la crisis de la adolescencia, que se conservará a lo largo de la vida como personalidad neurótica en el mejor de los casos o como psiconeurosis, a las que solo el Psicoanálisis logra dar solución.

4.6. Etapa Adulta, Involutiva y Senil

La etapa adulta se extiende desde los 25 a los 45 años de edad y como ya se dijo es una regresión a la etapa de latencia. Es la época en la cual normalmente el individuo asume responsabilidades profesionales y laborales; es también la época en la que se asumen responsabilidades en las relaciones de pareja y por supuesto, con la prole; responsabilidades todas que se cumplirán auténticamente si la etapa puberal transcurrió satisfactoriamente.

Esta etapa, la adulta o adultez, como las dos siguientes y últimas en el desarrollo de la personalidad, la etapa climatérica y la senil o senectud,que, evidentemente, no pertenecen a la

infancia, no tienen implicaciones para la Pedagogía ya que a estas alturas ya no se es educable y por consiguiente no habremos de ocuparnos de ellas más allá de expresar lo dicho sobre la adultez y que la etapa climatérica se caracteriza psicológicamente por una regresión a la etapa genital y anal (viejos verdes), y la senectud, por una regresión aún más profunda hasta las etapa anal y oral, que hace totalmente dependiente al anciano, generalmente de sus hijos .

5. Dos Sistemas Educativos Vigentes

6. La Educación Formativa Ideal

7. Reeducación Formativa –  Psicoanálisis

Educación del Füler: Como testimonio de las teorías aquí escritas

Para suscitar un Debate:

El espectáculo que dio el Papa Francisco en su homilía / sermón de ayer!  Es para leer y releer varias veces…

“Puedes tener defectos, estar ansioso y vivir enojado a veces, pero no olvides que tu vida es la empresa más grande del mundo. Sólo tú puedes evitar que se vaya cuesta abajo. Muchos te aprecian, admiran y aman.  Si repensabas que ser feliz es no tener un cielo sin tormenta, un camino sin accidentes, trabajar sin cansancio, relaciones sin desengaños, estabas equivocado.

Ser feliz no es sólo disfrutar de la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza.

No sólo es celebrar los éxitos, sino aprender lecciones de los fracasos.

No es sólo sentirse feliz con los aplausos, sino ser feliz en el anonimato.

La vida vale la pena vivirla, a pesar de todos los desafíos, malentendidos, periodos de crisis. Ser feliz no es un destino del destino, sino un logro para quien logra viajar dentro de sí mismo. Ser feliz es dejar de sentirse víctima de los problemas y convertirse en el autor de la propia historia, atraviesas desiertos fuera de ti, pero logras encontrar un oasis en el fondo de vuestra  alma.

Ser feliz es dar gracias por cada mañana, por el milagro de la vida.  Ser feliz es no tener miedo de tus propios sentimientos.  Es saber hablar de ti.  Es tener el coraje de escuchar un “no”.  Es sentirse seguro al recibir una crítica, aunque sea injusta.  Es besar a los niños, mimar a los padres, vivir momentos poéticos con los amigos, incluso cuando nos lastiman.

Ser feliz es dejar vivir a la criatura que vive en cada uno de nosotros, libre, feliz y sencilla.  Es tener la madurez para poder decir: “Me equivoqué”.  Es tener el valor de decir: “perdón”.  Significa tener la sensibilidad para decir: “Te necesito”.  Significa tener la capacidad de decir ­“te amo”.

Que tu vida se convierta en un jardín de oportunidades para ser feliz…

Que tu primavera sea amante de la alegría.  Que seas un amante de la sabiduría en tus inviernos.

Y cuando te equivoques, empieza de nuevo desde el principio.  Sólo entonces te apasionará la vida.  Descubrirás que ser feliz no es tener una vida perfecta.

Pero el uso de las lágrimas es para regar la tolerancia.  Utiliza las pérdidas para entrenar la paciencia.  Usa errores para esculpir la serenidad.  Usa el dolor para pulir el placer.  Usa obstáculos para abrir ventanas de inteligencia.

Nunca te rindas… Nunca te rindas con las personas que te aman.  Nunca renuncies a la felicidad, porque la vida es un espectáculo increíble”. ㅤㅤ⠀ㅤㅤㅤㅤㅤ⠀ㅤㅤㅤㅤㅤ⠀ㅤㅤㅤㅤㅤ⠀ㅤㅤㅤㅤㅤ⠀ㅤㅤㅤㅤㅤ⠀ㅤㅤㅤㅤㅤ⠀ㅤㅤㅤㅤㅤ⠀ㅤㅤㅤㅤㅤ⠀ㅤㅤ(Papa Francisco).

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